Lo que acabamos de decir se desprende de modo necesario del uso mismo que hacen los indios de la mayor parte de los términos que designan al «Gran Espíritu»; pero, aparte de esto, los sioux establecen explícitamente una distinción entre los aspectos esenciales de Wakan-Tanka: Tunkashila («Abuelo») es Wakan-Tanka en cuanto éste se halla más allá de toda manifestación, e incluso más allá de toda cualidad o determinación, sea cual sea; Ate («Padre»), por el contrario, es «Dios en acto»: el Creador, el Sustentador y el Destructor. De modo análogo distingue, en lo que concierne a la «Tierra», a Unchi («Abuela») e Inâ («Madre»): Unchi es la sustancia de todas las cosas, mientras que Inâ es su acto creador —considerado aquí como un «alumbramiento»—, acto que produce, conjuntamente con la «inspiración» por Ate, a todos los seres.
A través de las especies animales y de los fenómenos fundamentales de la Naturaleza,
el indio contempla las esencias angélicas y las Cualidades divinas: en este orden de
ideas, citaremos las consideraciones siguientes de una carta de Joseph Epes Brown: «Es
difícil, para aquellos que consideran la religión de los hombres rojos desde el exterior,
comprender la importancia que tienen para ellos los animales y, de modo general, todas
las cosas que contiene el Universo. Para estos hombres, todo objeto creado es importante,
por la sencilla razón de que conocen la correspondencia metaf ísica entre este mundo y
el «Mundo real». Ningún objeto es para ellos lo que parece ser sólo según las apariencias;
no ven en la cosa aparente más que un débil reflejo de una realidad principial3. Por
esto toda cosa es wakan, sagrada, y posee un poder, según el grado de la realidad espiritual
que refleja; así, muchos objetos poseen un poder para el mal, tanto como para el
bien, y todo objeto es tratado con respeto, pues el «poder» particular que contiene puede
ser transferido al hombre; los indios saben bien que no hay nada, en el Universo, que no
tenga su correspondencia analógica en el alma humana. El indio se humilla ante toda la
Creación, sobre todo cuando «implora» (es decir, cuando invoca ritualmente al Gran Espíritu
en soledad), porque todas las cosas visibles han sido creadas antes que él (anterioridad
que, desde el punto de vista de determinado simbolismo de las criaturas, tiene también
un sentido puramente principial) y que, por ser sus antepasados, merecen respeto;
pero el hombre, aunque haya sido creado en último lugar, es, no obstante, el primero de
los seres, pues sólo él puede conocer al Gran Espíritu (Wakan-Tanka)4.
Estas consideraciones permitirán comprender mejor cómo toda cosa «característica»,
es decir, que manifiesta una «esencia», es wakan, «sagrada». Creer que Dios es el sol, es
ciertamente un error totalmente «pagano» —y ajeno al pensamiento indio—, pero es
igualmente absurdo creer que el sol no es nada más que una masa incandescente, es decir,
que no «es» Dios de ningún modo. Podríamos, también, expresarnos de la manera
siguiente: wakan es lo que es íntegramente conforme a su propio «genio»; el Principio es
Wakan-Tanka, es decir, lo que es absolutamente «Sí mismo»; y por otra parte, el sabio es
aquel que es perfectamente conforme a su «genio» o a su «esencia»; ésta no es otra que
el «Gran Espíritu» o el «Gran Misterio».
Es wakan, «sagrado», lo que permite «conformarse
» directamente a la Realidad divina; el hombre es wakan cuando su alma manifiesta
lo Divino con la evidencia espontánea y fulgurante de las maravillas de la Natur aleza:
los elementos, el sol, el relámpago, el águila, el bisonte, el oso, las montañas, los torrentes,
las estrellas, y así sucesivamente. Por esto la cobardía —especie de abandono de la
«personalidad»— es el pecado por excelencia; y esto explica también el «individualismo
» aparente o real de los indios, actitud que, partiendo de la «personalidad cual itativa»,
ha terminado por convertirse en un individualismo arriesgado.
En cuanto al conocimiento del «Gran Espíritu», que solo el hombre, entre todas las
criaturas terrestres, puede alcanzar, Hehaka Sapa lo definió un día en estos términos:

mi corazón y puedo ver, pues el Ojo de mi corazón ( Chante Ishta) lo ve todo. El corazón
es el santuario en cuyo centro se halla un pequeño espacio en el que habita el Gran
Espíritu, y éste es el Ojo (Ishta). Éste es el Ojo del Gran Espíritu por el que Él ve todas
las cosas, y por el que le vemos. Cuando el corazón no es puro, el Gran Espíritu no puede
ser visto, y si hubierais de morir en esta ignorancia, vuestra alma no podrá regresar inmediatamente
a Su lado, sino que deberá purificarse mediante peregrinaciones a través del mundo. Para conocer el Centro del corazón en el que reside el Gran Espíritu, debéis
ser puros y buenos, y vivir según la manera en que el Gran Espíritu nos ha enseñado. El
hombre que, de este modo, es puro, contiene al Universo en la bolsa de su corazón
(Chante Ognaka).»
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